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miércoles, 11 de febrero de 2015

80.

La vida se ha encargado de demostrarme que las despedidas, nunca son para siempre.

"Porque va a llover de nuevo. Y con la lluvia, voy a creer otra vez"


Hay historias que son imborrables en la mente, sencillamente, porque fue especial y tuvo tanta fuerza que ha seguido en tu mente. No hay dos historias en tu vida que sean semejantes, cada una aporta según el momento y la persona sentimientos diferentes. Nunca habrá una historia de amor semejante a la sensación de la primera, no se olvida, porque todo fue nuevo y los sentimientos muy intensos.

El destino, sin embargo, es imprevisible e incierto y de una forma curiosa, existen personas que se reencuentran por casualidad con el primer amor, en una etapa "más adulta", en otras circunstancias y con la perspectiva del paso del tiempo. A partir de allí, puede pasar de todo. Volver a sentir esos nervios de la atracción física, y te puedes dar la oportunidad de mirar al pasado o desmitificar y mirar al futuro.

Durante cuatro años África estuvo manteniendo que el adiós que dio aquel día era uno de esos que duran para siempre. Después de tanto tiempo lo veía desde otra perspectiva.

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Hoy habla África.

Lo he pasado realmente mal, sí, para que lo vamos a negar. Pero analizando cada momento del pasado estoy orgullosa de mi actuación, siempre he actuado conforme a mis principios y a mis valores. Nunca me he arrepentido. Es obvio que te he echado mucho de menos y que me hubiera gustado que nuestra historia no hubiera acabado nunca. Pensé cientos de veces en decirte que te quería en vez de escribir ahora contando cuanto te he querido. Pero la vida es así y las historias terminan, y la nuestra acabó, era mejor dejar de vernos. Me cansé de tus idas y venidas y de tener la esperanza de que algún día cambiaras y no me dejaras escapar.
Te dí todo y renuncié a mucho apostando por algo que pensé que merecía la pena. Porque tu y yo valiamos más que cualquier cosa. Pero no funcionó.
No quiero que pienses que sólo me quedo con lo malo, te estoy diciendo adiós y la cosas tal y como las pienso pero me quedo con tus enseñanzas, que no fueron pocas. Con los recuerdos, que nos pertenecen a los dos. Con las imágenes y los momentos que nos regalaron esos meses en los que fuimos felices. Me quedé con un trocito de ti, igual que tú siempre has tenido un trocito de mi.
Espero que llegue el momento en el que ambos lo hayamos superado, que dejemos de mirarnos sin saber qué decirnos, de ignorarnos, de hablar del otro como si nunca te hubiera importado, de negar la evidencia de que lo fuimos todo, y que nos podamos llegar a querer de otra manera, tenernos cariño por todo lo que hemos pasado juntos.
Ni siquiera voy a intentar olvidarme de ti, porque es un camino sin salida, no habrá hombre más importante en mi vida. Ojalá aprendas a quererme como una amiga que siempre estará para lo que necesites, y aunque no lo sepas, he estado indirectamente a través de todos a tu lado. No puedo dejar que descarriles, no puedo no ser tu apoyo.


Y las apariencias, hoy lo sabes, no son nunca lo que parece. Cambié, aprendí a pasármelo bien, aprendí a hacer las cosas como quería, aunque supusiera a tus ojos que era otra, que yo ya no era esa a quien tu quisiste, pero siempre he sido la misma, intentando continuamente ser feliz, buscando cosas que me llenaran, mejor o peor, pero que me libraran de la soledad. Aunque muchas veces, y por otros motivos ajenos a ti, causaban el efecto contrario, me sentía aún más sola.


Pero hoy me doy cuenta de que he mentido a muchas personas que no debería acerca de ti, nunca te has ido de mi, nunca he dicho lo que realmente pensaba. He vuelto a querer después de ti, he vuelto a soñar y he vuelto a hacer planes e ilusionarme, aunque me estampara con el muro más grande que me he encontrado. Nunca he podido no preocuparme de ti, ni he querido asumir que no podía no formar parte de tu vida, pero tu no me dejabas... hasta aquella conversación de Whatsapp una noche de verano previa a tu examen de recuperación.

Hola Borja (te echo de menos) 
¿Qué tal? (confía en mi, úsame de apoyo) 
Tenemos que arreglar esto (no puedo seguir sin que tu seas uno mío).

Pero no es fácil volver a hablar con esa persona 3 años después. Sin embargo, tiempo después empezaste a demostrarme que me equivocaba, que yo no era la única que seguía pensando en ti como alguien importante, demostraste estar conmigo en varias ocasiones, varios paseos en los que te use como apoyo, varios paseos en los que pude conectar con la parte de mi que solo tú conoces, eres la única persona que saca esas partes.

Ambos sabemos que no era fácil mirarnos a la cara, pero poco a poco lo fuimos consiguiendo sin pestañear, y quizás, una copita haga que ni traguemos al mirarnos, y alomejor dos consiguen que responda la pregunta más importante.
¿Qué significa que hace 4 años escribiera: "Porque va a llover de nuevo. Y con la lluvia, voy a creer otra vez"?
Tu ya lo sabes. Ambos lo sabemos.
Nunca fue un adiós, fue un hasta que maduremos. Hasta que aprendamos a soportarnos. Hasta que lo que soñemos no se quede ahí y podamos cumplirlo. Hasta que seamos sinceros y abordemos los temas como debe ser y no a la tremenda. Hasta que confiemos en el otro y nos aceptemos con nuestros más y nuestros menos.

Y ese día, con dos copitas y una madrugada de día 6, volví a besarte.

Hoy, 7 meses después, no soy la misma que hace 4 años y medio. Ni tú tampoco, Borja. Hoy somos lo que, yo al menos, soñaba ser con una persona. Me llenas, me controlas, me completas, me guías, me aportas, y lo más importante, me haces ser. Soy caprichosa, egocéntrica, complicada, histérica, celosa, orgullosa, pero contigo me vuelvo Atenea, quiero guerra, quiero vivir, quiero cumplir, conseguir y triunfar.

Por eso cada vez que me preguntas qué es lo que más me gusta de ti, respondo lo mismo. Lo que más me gusta es quien soy cuando estoy contigo. Porque me siento yo, ni copias ni me dedico a vivir la vida que tienen otros, me siento YO.

Borja, cuatro años después, te quiero, como el primer día y más, si fuera posible.



lunes, 21 de abril de 2014

79.



Soy feliz.

Cuando llega la noche, y me encuentro sola entre las sábanas. Acurrucada entre las mantas que me protegen de cualquier cosa que entre por la puerta, ya me gustaría que también me protegieran de mis propios pensamientos, de mis miedos y temores, incluso de mi misma.
Parece que los cuchillos del ladrón se convierten en puñaladas de mi mente. Mis miedos, o mi miedo, en singular, porque es cierto que ni puedo con las arañas ni con las tormentas pero pensar en lo infinito, en el espacio, en la arbitrariedad, en lo que no depende de mi ni de otras personas, eso realmente me pone de los nervios. Lo reconozco tengo un miedo terrible a la muerte, a que explote la tierra, a que el universo se contraiga. Miedo a lo desconocido. Sabiendo que lo que pase mañana tampoco depende de mi.

Pero en fin, ya lo decía el rey León: "Hakuna Matata", también las abuelas: "Disfruta tu que puedes, niña". No obstante deberíamos decírnoslo a nosotros mismos todas las noches, o todas la mañanas, seamos felices, de la misma manera que finges ante tu ex que no te importa que este con otra, mírate al espejo y enfréntate a tu destino siendo feliz pase lo que pase mañana.

También es verdad que la vida de cada persona es un misterio, y quizás tu compañera de clase, esa loca, de risa escandalosa, con una melena descomunal, una altura que la traslada al margen... quizás esa persona tenga una vida realmente diferente que escapaba a tus ojos. La peor característica humana es lo prejuiciosa que es la especie. Probablemente sea ésta la última piedra que cae en la tumba de más de uno.
Aún así, lo más importante que se puede aprender en el camino de cada uno es desarrollar un exprimidor, ese que deja pasar lo bueno y retiene lo amargo, la pulpa de la sociedad. Y esque consiste en esto la grandeza de una persona, ser paciente, dominar la indiferencia y la ignorancia, construir pilares, con conocimiento de causa y de consecuencia, que te equilibren cuando se desestabilice la balanza, y lo más importante seguir siempre las mijitas de pan que nos ponen delante, nunca parar a que el lobo te muerda el culo, por muy complicada que sea la meta, la logres o no, llega al lugar que te habías propuesto, y si fallas que sean siempre a otros y nunca a ti mismo.

Soy feliz.
Porque quiero e intento pasar siempre por el exprimidor de la gente, elijo bien mis pilares y me caigo, infinidad de veces, pero soy como ese homosexual que se arma de valor y lucha, yo he luchado -mucho- pero no me rindo, resisto, golpeo, gano.

Ganad, porque por la noche las sabanas no os protegerán, pero podréis encarar lo malo.
Sin miedo a los demás, es pura pulpa.
Si queréis, amad.
Si queréis, reíd.
Si queréis, llorad.
Si queréis, podéis ganar.







Ciertas cosas no pueden meditarse, carecen de explicación, de meta, de sentido, pero son las más importantes.


~J.C. Somoza, La dama número trece